Hermandad sin fronteras

Ilustración: Moira Liz Olivar Montiel.

La desesperación y angustia que se vive en la extensa frontera entre Venezuela y Colombia han arrojado imágenes crudas y dolorosas que causan estupor en todo el continente, y en nosotros, los venezolanos que no compartimos esas medidas, ya que durante muchos años hemos convivido afectivamente con nuestros hermanos colombianos.

Ambos gobiernos entre medias tintas, justifican una realidad achacada al contrabando, al crimen organizado y la ilegalidad en la frontera. No somos tontos para desconocer que la caída libre de la economía venezolana, el fracaso del socialismo chavista, el ataque sistemático al sector productivo del país a través de las expropiaciones y la complicidad en las más altas esferas del Gobierno venezolano con el narcotráfico, han generado la distorsión y la irregularidad en la economía fronteriza.

Al mismo tiempo que se hacen esfuerzos por resolver la crisis vía diplomática, el Gobierno de Santos por un lado anuncia mesas de negociación y por el otro, llama al respeto y denuncia el trato inhumano que han recibido sus connacionales, más de mil deportados que han sido acogidos en albergues improvisados.

Los venezolanos alrededor del mundo no se han tardado en manifestar su solidaridad. De todas las vías posibles se han pronunciado en contra del maltrato en la frontera, insistiendo en que es una situación provocada que no se va a resolver por la vía de la violencia. Algunos, más capciosos, aseguran que el Gobierno de Maduro, que ya pasó 80 % de rechazo de gestión, necesitaba un conflicto en el marco de las elecciones para colocarse en la palestra nacional e internacional, a ver si puede evitar lo que hoy pareciera inminente: una aplastante derrota.

Para los seres humanos más evolucionados las fronteras son simplemente límites que el hombre le ha puesto a la unión entre hermanos. Muchos no se sienten ni de un lado ni del otro, son ciudadanos de ambos países, hoy atropellados, divididos y vejados. Una buena dosis de lo que sabe hacer el actual Gobierno venezolano.

La pregunta que traemos a colación es: ¿gracias al cierre de la frontera la gente en Venezuela ya encuentra llenos los anaqueles de los mercados?, ¿apareció el arroz, el aceite, la pasta, la harina, el papel higiénico, los pañales, la leche y todos los alimentos de primera necesidad? Pues sepa que no es así, la economía venezolana está más dolarizada que nunca, la reventa de artículos de primera necesidad alcanza hasta 100 %, no precisamente en la frontera.

La mayoría de los venezolanos referimos historias de haber contado con una moneda dominante que nos permitía cruzar la frontera y disfrutar, por ejemplo, de la gama de textiles que ofrece Colombia. Asimismo, los colombianos llegaban a nuestro país a hacer turismo y negocios. Años más tarde las erradas políticas económicas del Gobierno chavista trajeron las distorsiones que hoy denuncia, denigrando al comerciante fronterizo a lo que se dedica en la actualidad.

Esperamos que en un futuro no muy lejano nuestros países logren mantenerse unidos por encima de estas situaciones. Se trata de una larga tradición de intercambio cultural, de reconocimiento mutuo de valores y talentos, entendiendo que todo país atraviesa problemas, pero que su gente continúa su historia de fraternidad y paz, como Bolívar lo soñó.

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Recuperar la voz

Recuperar la voz

Nos unimos a las voces mundiales que denuncian que la llama de la libertad de expresión se apaga ante el abuso y el poder arbitrario que ejercen los gobiernos y organizaciones, somos un medio de comunicación abocado a una comunidad en situación de migración que ha podido encontrar en otro país, Panamá, el espacio para abrir los ojos ante la verdadera situación que atraviesa Venezuela, y no sentir el miedo que significa expresarnos y que esto conlleve a duras consecuencias.

La libertad de expresión es un derecho de cada ser humano, perderla es ceder el poder a la manipulación y otros intereses que no radican en el propio ciudadano, son las reglas que hemos puesto y que contiene la mayoría de las Constituciones de los países, para garantizar que la convivencia en el entorno sea lo más exacto posible a los sueños y metas individuales, familiares y profesionales que se plantea cada quien. Ningún ciudadano puede ver a la ligera la mordaza que se le coloca al sencillo hecho de transmitir verbalmente los pensamientos e ideales.

Con importante causalidad este debate de ideas se convierte en el eje central de la conmemoración de los seis años de fundación en Panamá del periódico El Venezolano, que gracias a su constante comunidad de lectores ha logrado ejercer una labor informativa y de integración, y ante el panameño una forma de comunicación desde lo constructivo y la integración.

Es nuestro aporte, a través de la edición aniversario, denunciar los acontecimientos que han llevado a poner en jaque al ejercicio del periodismo, como vehículo a través del cual se expresan las masas. A propósito de la celebración de la reunión de medio año de la SIP en Panamá, es propicia la ocasión para dar a conocer una dedicada investigación a cerca de la libertad de expresión, con el principal objetivo de despertar las conciencias de muchos y que este tema sea de todos los que luchan por un futuro mejor.

No podemos pasar por alto el expresar el más profundo agradecimiento con nuestra comunidad representada por 50 mil venezolanos que mudaron sus sueños a esta tierra, que a su vez ha sido noble y fértil para tal propósito. Panamá es un país que se nos ha metido en las venas, que respetamos y como residentes la defendemos y procuramos lo mejor para todos.

Esperamos poder sembrar en ustedes nuevas ideas, reafirmar el derecho que tenemos a expresarnos libremente, ojalá que cuando recuperemos la voz valoremos el esfuerzo que ha costado.

Por Adriana Rincón
Vicepresidenta – Editora de El Venezolano de Panamá

La fuerza de lo bueno

Unión Venezuela y Panamá

Por Adriana Rincón
Vicepresidente y Gerente General de El Venezolano de Panamá

Abramos nuestros brazos para recibir otra Navidad y Año Nuevo con Fe y Esperanza, no demos espacio para proliferar sentimientos negativos. La grandeza del ser humano no terminará nunca y siempre la maldad será la excepción de la regla.

Particularmente cierro un año con mucha emoción por el esfuerzo que ha cosechado frutos, por una familia que da pequeños pasos hacia el éxito, así como muchas de las que convivimos en este bello país Panamá.

Los ataques que se escudan en el anonimato y que buscan desacreditar mi  trayectoria profesional y personal se convierten en flechas hacia las personas que la promueven, son  personas llenas de odio, envidia y otros sentimientos tan dañinos  como  ha sido la vida de ellos mismos.

Erradiquemos sin duda todo lo malo, transformemos nuestras mentes y por ende nuestro comportamiento para empoderarnos con amor, buenos deseos y cooperación entre nosotros mismos, aunque parezca poco, es lo que más necesitamos para construir un futuro mejor y un entorno más parecido al que está en nuestros deseos.

Nos ha tocado a todos los que nos desempeñamos en el periódico El Venezolano un año de muchos retos, donde con mente de abundancia, estrategia y alto sentido social hemos marcado una línea editorial por el camino de la unión y el agradecimiento sembrando entre nuestros lectores los mas altos valores que combaten las amenazas y las conductas inapropiadas.

Gracias a todos por el apoyo. Lo he sentido con mucha fuerza y me ha nutrido para seguir por la lucha del cambio en nuestra querida Venezuela, y para seguir dejando en alto nuestro nombre en el país donde nos desempeñamos.

A todos Feliz Navidad y un 2015 lo más parecido a sus sueños.

Insistimos en el tema

Escribí y publiqué la siguiente reflexión en la página web de El Venezolano de Panamá, y la transmito ahora por esta vía:

Panamá

Ilustración: Carolina Sánchez-Vegas

“Cada vez somos más los venezolanos agradecidos con Panamá, país que nos ha dotado de un terreno fértil para luchar por nuestras metas, a través de las cuales contribuimos también al crecimiento y superación de todas las personas de diversas nacionalidades que hacemos vida en él.

Sin embargo errores de una minoría han desencadenado una serie de hechos aislados que dan fuerza a un grupo de nacionales, que mantienen genuina preocupación por la influencia extranjera y las consecuencias negativas que pueda traer.

Queremos puntualizar que esos errores y visiones equivocadas de inconformidad y frustración de determinadas personas de la comunidad venezolana en Panamá, se han convertido muchas veces en agresión.

Son posiciones lamentables condenadas también por nosotros mismos, así como igualmente manifestamos el impacto que nos causan las reacciones encendidas de panameños afectados o no, integrantes de una matriz de opinión que castiga por igual a todo aquel que con su palabra y acción hace actos positivos y de mucho empuje para Panamá.

El escudo que ofrecen las redes sociales no ha contribuido a disipar dicha tendencia. Cualquier persona hace uso de la palabra escrita que -más que la hablada- deja heridas y un legado de insultos e improperios.

El debate debe centrarse en cómo contribuir a superar los problemas que se presentan como la inseguridad, la basura y el tráfico que nos afectan por igual a todos lo que residimos en Panamá.

Hacemos un llamado al cese de las agresiones, al diálogo y al consenso. La mayoría de los venezolanos nos encontramos a gusto en esta patria adoptiva.

A estas alturas, cuando crece la migración hacia Panamá, cualquier extranjero inconforme con el país, que no haya sentido y practicado el agradecimiento hacia esta nación, no debería seguir viviendo en el Istmo. No sólo se trata del rechazo que puedan sentir, sino del gran daño que le hacen a la comunidad extranjera que si quiere hacer algo constructivo por Panamá.

Por cinco años, este periódico ha sentido el apoyo de los voceros panameños, que responden con mucha altura a las consultas que se le hacen de diversos temas. Respetan el esfuerzo periodístico que hacemos para mantener unida e informada a la comunidad, y sus constantes comentarios nos dan ánimos y nos hacen sentir en casa. Cualquier posición contraria debe ser interpretada como una verdadera excepción.”

Adriana Rincón
El Venezolano de Panamá

Espantosa realidad en Venezuela

Venezuela en trozos. Imagen: cortesía.

Venezuela en trozos. Imagen: cortesía.

Cuando el equipo de prensa de El Venezolano daba como noticia principal la epidemia de violencia que afecta a Venezuela, quizás muchos pensábamos que era más de lo mismo, pues basta leer el artículo de la periodista Yakary Prado, para hacer conciencia de los niveles de horror a los que está llegando nuestro país, en donde el “descuartizamiento” está presente como nueva modalidad, no conforme con el asesinato que de por sí es abominable.

Esto confieso, me causa una especie de asombro y estupor al pensar los “monstruos” que ha logrado formar nuestra sociedad, según reseña el artículo, son individuos menores de edad o hasta máximo 25 años, capaces de desmembrar la integridad de la vida, no sólo acabando con ella sino con una crueldad tal que pareciera no sacia sino con la saña y la depravación.

Hablan de una epidemia de violencia que ha instaurado en Latinoamérica el narcotráfico, la pérdida de valores y, más especialmente en Venezuela, la impunidad y la falta de interés del gobierno de atacar la delincuencia. Lo cierto es que jamás en todos estos años se había presentado en nuestro país una práctica tan inhumana.

En el artículo se menciona que el origen también puede estar en la extrapolación de dicho procedimiento de las cárceles a las calles de Venezuela, pues ante el fracaso de las políticas penitenciarias, hoy en día las mismas son recintos de miseria, destrucción y caldo de cultivo para encubar epidemias de violencia como las que se está viviendo.

Me gustaría ver una reacción popular hacia el rescate de la humanidad en Venezuela, un rechazo por parte de los organismos internacionales que den a conocer al mundo de forma contundente la decadencia y el irrespeto hacia la humanidad que están cometiendo jóvenes en ese punto de Suramérica.

Debemos elevar nuestra voz de protesta y condenar duramente la violencia en nuestro país. No podemos seguir estando sólo absortos de la realidad hasta que nos toque. Estamos perdiendo la humanidad y dejando a nuestras generación un legado de depredación.

Mientras escribo, vienen a mi mente momentos de tanta felicidad que he vivido en Venezuela, gestos amables de su gente, el amor de la familia, saltan a mi memoria quizás para que surta el efecto de bálsamo ante el dolor de la impensable violencia que hoy día registra Venezuela.

Les dejo una frase de Nelson Mandela: “El coraje no es la ausencia del miedo, sino sentirlo y ser capaces triunfar sobre él”.
Adriana Rincón
El Venezolano de Panamá

Quien se mete con Panamá se mete con los venezolanos

elvenezolano5aniv

Ilustración: Carolina Sánchez-Vegas

Ya es imposible retroceder, son muchos años de integración, de crecimiento y de llorar y reír por las luchas en Panamá. Sus problemas son nuestros, sus calles son de nuestra familiaridad, somos muchos los venezolanos que estamos dispuestos a defender a esta patria noble y pujante que nos recibió. Es tarde para que nos la saquemos del corazón.

Con respeto hemos apostado toda nuestra estabilidad económica y familiar a este país, pequeño en tamaño, pero grande en historia, cultura y recurso humano. Hoy los venezolanos y panameños somos socios, compadres y amigos. Este periódico ha reseñado bodas “venemeñas”, y ha publicado artículos de generaciones de hijos de venezolanos que abrieron por primera vez los ojos en la patria de nuestro admirado Rubén Blades.

Nos quitamos el sombrero ante un país que cambia de gobierno, pero que tiene continuidad, que está claro de su futuro y crecimiento. Debemos aplaudir con humildad la consistencia que este país le ha dado a su tema migratorio, riguroso en sus requisitos, pero dispuesto a recibir como un verdadero Crisol de Razas a todo aquel que merece quedarse para dejar su esfuerzo y sus mejores costumbres y valores en Panamá. Sigue leyendo

Editorial: Agridulce año

Foto: CSB.

Foto: CSB.

Este año que termina deja un sabor agrio para aquel que aún permanece en Venezuela. Ha sido un año muy duro, con el deseo de emigrar en la boca de los más jóvenes que no encuentran el camino de superación en el país natal, el cual se encuentra convulsionado por la escasez, la inseguridad y un futuro un tanto incierto desde el punto de vista económico y social.

Fue un año de pérdidas electorales, de fallecimientos, de consolidación de un régimen que no da tregua y que mantiene, por un lado, depauperado el poder adquisitivo de los venezolanos; y, por el otro, ha impulsado una nueva élite de empresarios que se han aprovechado de la corrupción galopante que afecta todos los estratos del país.

La parte dulce sin duda nos toca a los venezolanos que hemos encontrado en Panamá un nuevo hogar, que vemos el resultado de nuestro esfuerzo diario y constante, que a pesar que las ganancias en este mercado se obtienen poco a poco, ha sido con paso firme y con reglas claras de juego. Sigue leyendo